Para el arquitecto Andrés Murgueitio, la reforma de este apartamento se basó en una reorganización del espacio y un aprovechamiento de un patio existente, gracias al cual se amplió la zona de cocina y patio y se generó una terraza. Rompiendo con el esquema de formatos claramente delimitados, Andrés se fue por un movimiento en el que se juega con los muros, abriendo y cerrando de forma irregular los espacios privado y social. Para lograr un cerramiento entre estas dos áreas, el arquitecto dispuso una puerta corrediza con espejo que amplía el espacio a la vez que da la posibilidad de dividirlas o integrarlas de una manera muy sutil. El elemento unificador en este caso se da a través del piso en parqué de sapán que recorre todo el apartamento y que le brinda una gran calidez al espacio y un toque años setenta muy especial.
Integrada a la sala, la cocina se abre a esta zona social, complementándola y enriqueciendo este punto. Si bien antes existía un patio exterior de poco uso, éste se rediseñó y se cerró por un lado para generar la cocina y la zona de lavandería contenida en un pequeño cuarto que abraza a la vez el mesón del comedor, de manera que se relacionan las dos zonas.
Los acabados, como en todo el apartamento, son muy sencillos: cemento en muros y mesón, este último enchapado en laja de piedra; vidrio en el salpicadero; fórmica blanca en los muebles con una perfilería muy sencilla. Para acceder a la zona de lavado se instaló una puerta en vidrio sunblast, acorde con el sentido de transparencia y claridad que se quiere evocar. En el otro extremo del patio se diseñó la terraza, la cual tiene acceso por la zona social y una salida por la habitación principal. Es importante resaltar, tanto en la cocina como en la terraza, el tratamiento que se le hizo al cielo raso. En la zona de la cocina, Andrés instaló una placa de dry wall a la que se le abrieron unos orificios por donde entra la luz natural difuminada. En la terraza se dispuso una cubierta en policarbonato con una reja por debajo que le da gran claridad al lugar al mismo tiempo que protege de la intemperie. En el techo de la sala, Andrés forró las vigas en dry wall y en cada extremo dispuso unos focos de iluminación que crean una especie de rejilla de luz indirecta que le da al ambiente una gran calidez.
La amplitud y claridad que se logró en la habitación principal obedece en gran parte a la integración que se hizo con la terraza, la cual se convierte acá en una extensión y en un rincón de descanso del cuarto. Siguiendo el concepto de movimiento en el diseño y de una marcación poco convencional de los espacios, el acceso al baño principal se hace a través de un pequeño corredor que contiene el vestier y que delimita esta zona. En el piso se colocaron unas luminarias que le dan un toque dramático a este espacio. Entre baño y habitación se dejó una ventana que permite unas visuales entre los dos espacios. El resultado es una zona íntima limpia, clara y muy especial.