Reemplazar con vitrales los vidrios de ventanas pequeñas es una buena opción para enriquecer espacios como estudios, salas de juego, corredores o salas. Aun cuando se trate de sencillas composiciones de colores y formas irregulares, los vitrales evocan siempre sensaciones de calma y misticismo por su uso recurrente en edificaciones religiosas.
También se les conoce como Vitraux y son tamices de distintos tonos hechos con cristales de color o con una sola lámina de vidrio pintada con esmaltes traslúcidos. En cualquiera de estas dos técnicas, las combinaciones de colores se demarca con barras de plomo o relieves de este mismo material (de ahí que al proceso de montaje de vitrales o a los vitrales mismos se les llame, a veces, emplomados).
En nuestros hogares, los vitrales vienen bien en ventanas cuyos marcos presentan varias subdivisiones. Instalados en los vidrios de los costados (sobre todo aquellos abatibles o basculantes) obtendremos una composición discreta que bien puede articular tonos como el azul (que contrasta bien con los colores tierra o crema de tapetes, pisos y muebles), púrpura (para aportar al carácter espiritual propio del vitral), verde (que refresca el ambiente en tanto tono frio) o rojo (que da fuerza y carácter a los ambientes). Todos estos tonos dulcificarán la luz y, de seguro, harán de los rayos de sol un espectáculo cromático.
Debe evitarse la iconografía, salvo que estemos hablando de un pequeño marco de ventana ovalada o en punta de lanza semejante a las de las catedrales o iglesias. En tal caso podemos asegurar un diseño discreto en el que el contraste de los tonos nunca sea exagerado. En ningún caso podemos hacer de todas las ventanas de nuestra casa una galería de diseños en vitral. Por el contrario, su uso debe ser ligero y bien escogido. Las ventanas de los altillos y los vidrios de los tragaluces dispuestos en los cielos rasos son, quizás, los mejores espacios para utilizarlos. Para ventanales de gran altura podemos alternar láminas de vidrios de distintos colores formando una gradación de tonos.
El uso de vitrales en decoración se remonta hasta la cultura fenicia, por lo cual existen más técnicas o formas de expresión. En cualquiera de los casos, se trata de alternativas versátiles que representan siempre una oportunidad para endulzar la luz y hacer vivos a los espacios.