Remodelar es una forma de adueñarse de un nuevo espacio, de convertirlo verdaderamente en propio mediante una transformación a la medida. Y eso fue lo que el propietario de este apartamento ubicado en Medellín logró de la mano de los arquitectos Ana María Escobar y Cástor Hernández. A este último y al propietario los une una larga amistad, lo que facilitó enormemente un proceso donde el conocimiento y la confianza fueron determinantes.
La remodelación de este dúplex de 180 m²(más 20 m²de terraza), se concentróen tres aspectos principales: disimular la doble altura que domina el salón principal y que creaba la sensación de “encontrarse dentro de una caja de comida”, ampliar y abrir la cocina hacia el salón, y sacarle un mayor partido al dormitorio principal ubicado en la planta alta.
El área del salón sufrió la más extrema, y afortunada, modificación. Para crear la sensación de disminuir la altura de piso a techo, el arquitecto diseñó un original cielo raso hecho con varas de caña brava limpia, con la idea de tomar un elemento de la arquitectura vernácula para dotar de calidez a este ambiente urbano. En esta misma área se construyó un gran muro de mampostería con una serie de nichos, donde se ubican la televisión, el aparato de sonido y varios objetos decorativos. Además de esta función como centro de entretenimiento, el muro aísla tanto las escaleras como el acceso al dormitorio del segundo piso, que antes se encontraban a la vista. Justo en el extremo opuesto, se empañetó un gran muro que anteriormente era de ladrillo.
La nueva cocina, que ahora está abierta al salón y enfrentada a la terraza, resultó de tumbar totalmente la anterior y agregar el espacio de lo que solía constituir el comedor. Se cambió la disposición de la cocina, se diseñaron muebles nuevos de madera en tono beige con detalles azules, y como una sutil separación de espacios, se colocó una isla con cubierta de quarstone negro que, hacia adentro, contiene la estufa, el horno y un espacio para almacenamiento y, hacia el salón, funciona como barra-comedor. El piso de la cocina se unificó con el de madera que originalmente tenía el apartamento, el cual solamente se tratópara oscurecerlo.
El dormitorio principal también tenía sus desafíos, pues contaba con un muro que no se cerraba hasta el techo y generaba un registro auditivo molesto desde el salón. Para solucionar este problema, los arquitectos Hernández y Escobar aumentaron la altura del muro y lo cerraron con un vidrio esmerilado. En el dormitorio se replicó el cielo raso de caña brava y también se amplió el área adyacente al unir el vestier con el baño. Este último se remodeló, y ahora cuenta con una atractiva ducha bañada por luz natural cenital, lo cual se logró extrayendo una porción del techo corrido de teja y remplazándolo con un vidrio templado.
El interiorismo del apartamento, obra de Cástor Hernández, se logró a partir de la correcta disposición de los objetos y muebles del propietario: pocos elementos en tonos neutros con detalles contrastantes para brindar color y texturas.
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