Diseñado por el arquitecto chileno Germán del Sol, cuya arquitectura se desarrolla en sitios exóticos y apartados de las grandes ciudades, el hotel Remota de la Patagonia es, por no decirlo menos, un refugio en Puerto Natales, centro geográfico y cultural de la Patagonia chilena,a 250km de Punta Arenas, la ciudad más austral de Chile.
Desarrollado en colaboración con los arquitectos Francisca Schüler M., José Luis Ibáñez G. y Carlos Venegas, la intervención incluyó el diseño interior y el mobiliario del lugar.
En cuatro hectáreas de terreno se llevó a cabo el proyecto que ocupa 6.000m². Son habitaciones con baño privado e inolvidables vistas al canal (de mar) Señoret y a la cordillera del Paine. Cuenta con tres salas de estar que acompañan una rampa que, desde la entrada, conduce al bar y al comedor; una sala de lectura con luz natural; una “playa interior” para tomar el sol o leer tendidos en unas colchonetas gigantes o mirar pasar el tiempo en aquella inmensidad más allá del ventanal; y una sala para escuchar música, escribir, leer, ver las noticias o películas, etc. Y en lugar de un spa, se encuentra un Espot (espacio para ocio total) con piscina climatizada, inmejorables vistas no interrumpidas, chimenea, dos saunas, baños y una sala de masajes.
La arquitectura del hotel, dicen sus creadores, “trata también de ser un motivo de alegría para el viajero, que después de andar y andar, como un ovejero vagando con sus perros, descubre a lo lejos la luz amarillenta del hotel que se cuela por los cortes verticales de las ventanas en los muros, y la promesa de un tibio interior para descansar. La alegría de encontrar signos de vida dispersos en la vastedad casi desierta”.
El proyecto se desarrolló a partir de hormigón armado en la estructura, Winter Panel en los cerramientos, membrana asfáltica en las fachadas y madera de ciprés de las Guaitecas en los cielos rasos.
“Las ruinas de los galpones estaban ahí desde siempre, no sabemos si tienen un año o cuatro mil, y nosotros las restauramos desde adentro hacia fuera, y desde abajo hacia arriba. En la cubierta quedaron unos pastos que cuando todo era llanura, eran el suelo de la pradera, y de otros edificios que no sabemos para qué servían, quedan sólo unas piedras”, señalan los arquitectos.
Los arquitectos invitan a entrar al edificio y apropiarse de él de la siguiente manera: “Tal vez, cuando se entra a un edificio sin esperar nada especial es cuando se da la mejor posibilidad de que el interior aparezca en todo su esplendor. ¿Cómo se bajan las expectativas de las visitas, para que al entrar, el hotel Remota se les aparezca en su esplendor? Tal vez, dejando que su interior cálido sólo se adivine a través de las ventanas,que son tajos dibujados con trazo grueso que se repiten con monotonía, para unir los tres cuerpos alrededor de la plaza vacía, a la manera de los galpones de trabajo propios de una estancia en la Patagonia, y formar un todo que es el hotel”.
Un viaje al hotel Remota de la Patagonia, dicen los arquitectos, es un viaje a lo remoto. Pero, ¿cómo describen ellos lo remoto?
“Remoto es tal vez, el lugar geométrico donde se cumple para cada uno el objetivo común de todo viaje, que es quizá, tomar una distancia que sea fecunda con la vida cotidiana de cada uno, para que desaparezcan los detalles sin importancia y se pueda entender la totalidad”.
Otros artículos que te puedan gustar:
Espacio alegre y coordinado
La casa en el aire