Uno de los grandes retos de los arquitectos es lograr una buena conexión con el cliente que asegure el éxito del proyecto y la satisfacción de ambas partes. En esta propuesta del nuevo local del restaurante Cono Sur en Bogotá, Liliana Gutiérrez y Andrea Sánchez lograron sin duda este objetivo.
La historia de este restaurante viene de tiempo atrás. No es la primera vez que estas jóvenes arquitectas paisas intervienen este espacio. Ya lo conocen y su propuesta arquitectónica en este caso siguió los requerimientos de los primos Santiago y Juan Manuel Arango, propietarios de Cono Sur: una inversión moderada para un cambio de identidad aprovechando parte de la estructura y muchos de los materiales existentes. “Inicialmente en este local Santiago y Juan Manuel montaron el restaurante Dar Papaya, el cual respondía muy bien al sector de la zona G y a un público esencialmente de jóvenes ejecutivos, o recién graduados que quisieran comer y pasar un buen rato. Nos llamaron la primera vez para ese proyecto”, comenta Liliana.
Paralelamente los Arango montaron el primer local de Cono Sur en el cual participó nuevamente Studio Sur. Como bien dice Liliana, la conexión fue inmediata. Uno de ellos había viajado por América del Sur y tenía en mente la idea de una temaquería. “Hablamos con ellos. Nos dieron sus ideas y unos conceptos muy puntuales que afortunadamente nosotros pudimos plasmar en el diseño. Quedaron muy contentos con la propuesta. De hecho no hicieron ninguna modificación”, prosigue Liliana. La propuesta se basó en un concepto de la temaquería como un restaurante de comida rápida pero sana, con una tendencia tropical que se sintiera en el diseño, en las formas y en los materiales.
A ese local le siguió una segunda propuesta también en el norte de Bogotá, obviamente con las pautas de identidad de Cono Sur. La acogida y la penetración de Cono Sur entre el público llevó a los socios a buscar un lugar más amplio que cubriera las necesidades de la zona G en este caso. Dar Papaya pasaría a otro local y en este se instalaría un nuevo Cono Sur, bajo los estándares y con las mismas características de los otros dos locales.
Transformación
Teniendo en cuenta el tema del presupuesto, del aprovechamiento de la infraestructura y de los materiales que existían, la propuesta de Studio Sur se fue por unos cambios muy sutiles pero definitivos que le darían nueva cara al local con la identidad de Cono Sur. Para ser consistentes con el nombre, el cono debía replicarse tanto en la comida como en el tema de las sillas y otros elementos del lugar.
Como se trata de un establecimiento de tres pisos, el proyecto se fue en los tres niveles por un manejo gráfico, del color y de las texturas que permitiera inmediatamente reconocer el sello de Cono Sur. “Los cambios que se hicieron fueron realmente pocos y muy sutiles. Pintamos la madera del piso para oscurecerla, retomamos el tema de la caña brava, muy evocadora del trópico, en mesas, barras y bancas. Dispusimos los butacos en forma de cono, muy propios del restaurante. También hicimos un manejo gráfico integrado al espacio y llevamos el color verde, muy característico de Cono Sur, a puntos estratégicos”, cuenta Liliana.
Espacios frescos
En el primer piso del local, que queda un nivel por debajo de la calle, el reto era ampliar la entrada, de manera que los clientes se sintieran atraídos y quisieran permanecer en esta primera instancia. El efecto se logró conservando un espejo lateral que recorre el muro de entrada hasta llegar a la barra de atención en donde se ubicó además una vitrina de helados. Allí se despliega una larga mesa donde los clientes pueden pasar un momento agradable antes de la comida. Frente a esta pared se levanta un muro revestido en aglomerado de madera oscura, que a manera de rompecabezas alterna piezas rectangulares con entradas de luz indirecta, invitando a la gente a gozar este espacio.
Una vez que se ha franqueado el primer nivel, la escalera lleva a un segundo piso donde se hicieron también cambios sutiles pero fundamentales para la transformación del lugar. La barra que existía del antiguo bar se conservó, pero adecuándola de acuerdo con los materiales que se estaban utilizando en el resto del local: caña brava y resina. Se hizo también un manejo gráfico en muros y columnas con fotos tomadas en la plaza de Paloquemao, evocadoras de los alimentos que se usan para rellenar los conos. De esta manera quedó constituida la barra de bebidas. En este nivel existía una terraza que también se adecuó al nuevo espacio: allí se oscureció de nuevo la madera del piso y se dispuso un mobiliario con mesas en caña brava y los butacos característicos de Cono Sur.
En el tercer piso las variaciones fueron también muy simples. Para ampliar este espacio, se mantuvo en el fondo un espejo que lo sobredimensionara a lo largo. En ciertos puntos se retomó la misma resina, pero esta vez compuesta con hilos en tonos verdes. Para independizar la zona de comidas de la zona de servicios se levantó un muro flotante que las divide sutilmente, una solución impecable para un espacio muy fresco.
Para ser consistentes con el diseño, las arquitectas hicieron un manejo en el exterior acorde con el lenguaje que se manejó en los niveles interiores. Como se trata de un público joven y una zona dinámica, las letras de Cono Sur se fabricaron en formatos grandes retroiluminados. Otro punto importante fue el manejo de las materas características en los otros dos locales. Si bien allí están revestidas en caña brava e iluminadas desde adentro para dar la sensación de unos faroles, aquí se aprovechó el muro de la terraza donde estaban las plantas y se enchapó nuevamente con caña brava y retroiluminado. El efecto de noche impacta e invita a entrar al local.
Con muy pocos pero sutiles cambios, Liliana y Andrea, ahora dedicadas a desarrollar la identidad arquitectónica de los nuevos puntos de venta de CORONA, entre otros de sus proyectos, lograron replicar la identidad y el concepto de Cono Sur. Reutilizando los paneles de quintuplex, oscureciendo la madera en los pisos, haciendo algunos cambios de color y de texturas, el resultado es un local que se involucra maravillosamente en la dinámica y en la vida de la zona G de la capital. Como bien dice Liliana: ”Nosotros desde la arquitectura, y Cono Sur desde la carta respondimos a los requerimientos de este punto importante de Bogotá”.